En días recientes, los elefantes quedaron asombrados durante un recorrido por zonas cafetaleras de Polo, Barahona y regiones aledañas donde se observan escenas impresionantes sobre la presencia de la mano de obra haitiana que reside por esos lugares.

Muchos andan tocados con gorras que simbolizan propaganda de aspirantes políticos del partido en el poder y no se encontró ninguna otra cabeza engalanada con colores partidarios diferentes.

Ese escenario se ha ido forjando porque los terratenientes de la zona fronteriza comprobaron que el costo de la mano de obra haitiana resultaba ser más bajo, sin quizás darse cuenta, que con su contratación con carácter permanente provocaban que el trabajador dominicano quedara cesante y decidiera irse a las ciudades a formar cinturones de miseria y el consiguiente desequilibrio poblacional que se ha venido observando en los últimos cincuenta años.

Esos remanentes del feudalismo se olvidan de que “La tierra es de quien la trabaja”, frase lapidaria del patriota mexicano Emiliano Zapata Salazar, reconocido líder militar y campesino, quien representó la proclamación de la reforma agraria, propuesta en el año 1911, durante la Revolución mexicana.

“La tierra es de quien la trabaja” es una frase que envuelve el sentimiento de lucha que promulgaba Zapata entre los campesinos de su país. Su finalidad era alcanzar la reivindicación de los campesinos, los derechos de propiedad de las tierras labradas y la dignidad humana.

Zapata fue un líder militar que comandó el Ejército Libertador del Sur y, representó la resistencia campesina, promovió la lucha social, las reformas agrarias, la defensa de la propiedad comunal de las tierras, el respeto por los campesinos y las comunidades indígenas, entre otros.

Asimismo, Zapata se pronunció ante el hecho de que un gran número de tierras en México pertenecían a personas adineradas, como los latifundistas u oligarcas.

Sin embargo, dichas tierras eran trabajadas arduamente por los campesinos que, recibían a cambio de sus duros trabajos, escasos recursos para subsistir y, además, eran reprimidos por las fuerzas de seguridad.

Ante tal situación, Zapata inició la lucha a favor de los campesinos para acabar con las diferencias sociales a los que eran sometidos.

De ahí que la frase “La tierra es de quien la trabaje”, expresa la necesidad que sentía Zapata por asegurar la libertad y el sustento de los campesinos, necesidades que él consideraba básicas.

Ese modelo zapatista es justiciero, pero en el caso dominicano, quien debiera estar trabajando la tierra ha preferido un motoconcho y una destartalada vivienda en la ribera de un río cercano de una ciudad donde la tolerancia al mal vivir también es un negocio que busca votos para llegar a usar el poder en beneficio propio.


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